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¿Y si alguien no quiere leer?

Por : Jorge A. Garrido

   Quizá pueda parecer un post algo extraño dentro de un blog dedicado a la literatura, pero no deja de ser una opinión en firme de este autor, y me gustaría exponerla. Más tarde, a su término, me diréis qué más o menos de acuerdo estáis conmigo.

   Hace unos días leí por encima un artículo sobre la cantidad de libros que compra y lee cada español (datos que a saber de dónde salen; yo no tengo ni idea). En él se mencionaba lo de siempre: que las personas cada vez leen menos, incluso que una gran parte ni siquiera ha abierto un libro durante el año que abandonamos. La cuestión es que no solo eran "datos", pues continuaba con una clara queja hacia los que no leían. Tampoco profundicé mucho más, eso es cierto, aunque el tono general no presagiaba un cambio de sentido hacia su final. Por tanto, cerré la pestaña del navegador, ya que no me interesaba saber más del asunto. En primer lugar, porque es más de lo mismo, como aquel "es el año más frío/caluroso/lluvioso/seco de los últimos treinta años", y, en segundo, porque me repatalea. Sí, me tiene más que harto esta actitud de "las personas tienen que hacer esto o lo otro", solo porque a alguien le da la gana.

   De acuerdo, he de reconocer que con los años (y ya voy para los treinta y seis) me he vuelto menos paciente, mucho menos. Antes, lo que no me interesaba me entraba por una oreja y me salía por la otra, pasaba y me olvidaba casi al instante de ello, pero son tantas de estas cosas, cada día, las que van saturándome... Es como cuando voy medio dormido en el metro, tan temprano, hacia el trabajo y entra en el vagón una mujer que empieza "a gritar" (no vaya a ser que alguien no la oiga) que TODOS "debemos abrir nuestros corazones a Jesús". Debo decir que soy un ateo reafirmado, pero respeto que cada cual tenga una creencia distinta a la mía "mientras a mí no me afecte". Lo de esta señora me afecta, mucho. ¿Por qué "debo" hacerlo? ¿Quién diablos es ella para decirme que tengo que aceptar una fe en la que no creo, por mucho que suba el volumen de voz? Pues, como esta, montones, al día y cada día.

   Regresando al título del post (que me voy por las ramas), y en relación con el artículo del que os hablaba, ¿qué ocurre si una persona no quiere, o no le apetece, leer? ¿Por qué ese machaque al que se va a ver sometido? Quizá sea que no me haya enterado, que yo aún crea que esto de leer deba tomarse como un hobby, algo con lo que disfrutar, y ya no sea así. Por favor, que alguien me lo diga si estoy equivocado... porque, si algo he sacado muy en claro en lo que llevo vivido, entre otras cosas, es que lo que se hace por obligación no termina siendo tan divertido. De hecho, el ocio no se le impone a alguien. Las personas son muy diferentes en sus gustos, de ahí que haya tantas formas de ocupar el tiempo y sean tan distintas unas de otras.

   En este punto, me gustaría aclarar que soy partidario de acostumbrar a los niños, desde una edad temprana, al hábito de leer. Su personalidad aún se está formando y necesitan conocer lo que hay en el mundo, todo lo posible, para no acabar siendo simples marionetas y adquirir la capacidad para pensar por sí mismos, para abrazar unas ideas u otras por convencimiento, no por imposición. Y, por supuesto, también por fomentar su imaginación y que la trabajen, que ahora parece que les dan todo hecho y bien masticadito. Pero, ¿a un adulto? ¿Que lea porque un tercero quiere que lo haga? ¿Por qué? ¿Con qué autoridad se le obliga y se le insiste en que tiene que coger un libro? Vamos, es que me parece horrible. Así os lo digo, palabra por palabra.

   Yo como ejemplo. A veces voy en el metro con un libro entre las manos, y otras, cuando me siento realmente agotado del día y lo que quiero es olvidarme de todo, ni siquiera pensar y desconectar por completo, cojo el movil y me distraigo con el juego más sencillo hasta llegar a mi parada. ¿Y en casa? Pues lo mismo. ¿Qué ocurre si pongo la televisión; si bajo con la bici y me pierdo durante un par de horas; conecto la consola; me pongo a pintar o escuchar la radio tirado en la cama? ¿Y si no me apetece coger un libro durante una buena temporada, si descubro que me lo paso de maravilla ocupando mi escasísimo tiempo libre, pero mío, al fin y al cabo, en cualquier otra cosa en lugar de leer? ¡¿Qué?! ¿Acaso vendrá alguien a decirme que debo hacerlo, por narices? Pues lo tengo bien claro; a ese que se me acerque le diré, directamente, que se marche por donde ha venido (mentira cochina, le diría otra cosa, pero esto puede que llegue a manos de menores, y hay que protegerlos...).

   Para terminar el post, que se me está haciendo demasiado largo: si alguien quiere leer, que sea porque le apetece. ¿Que podría hacerlo por cultura? Eso está muy bien, pero también se adquiere esta a través de otros formatos de ocio, que en la actualidad la oferta es amplia y variada. ¿Y por otra serie de beneficios? Muy cogido por pinzas me pongáis el que me pongáis, porque, repito una última vez, lo que se hace por obligación no se disfruta, nunca. Por tanto, si te gusta leer y te apetece, hazlo. Si no, haz lo que quieras con tu tiempo y pásalo bien, que la vida es corta y bastantes penurias pasamos ya porque NOS OBLIGAN con otras cosas que tampoco queremos, pero no tenemos más cojones que hacerlas. Y leer, amigo mío, no es una de ellas.





Jorge A. Garrido

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