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Los personajes "perfectos"

Por : Jorge A. Garrido

   Tengo nuevo compañero de viajes en el metro: El nombre del viento. No son pocas las páginas que llevo leídas, aunque entiendo que aún me queda mucho por descubrir. Así y todo, ya he comprendido la razón del éxito cosechado por su autor, pues su libro engancha como pocos, sobre todo por el ritmo, fluidez y originalidad de sus conversaciones. Nunca sabrás qué salida tendrán ni en qué desembocarán, con frases muy ingeniosas a veces, otras del todo absurdas... Incluso alguna vez conseguirá que levantes un segundo la vista de sus hojas y reflexiones sobre lo mencionado en ellas. Desde luego, he de reconocer que su protagonista, del que tanto he oído hablar y visto en la mayoría de listas del tipo tus personajes favoritos de fantasía, es de lo más peculiar, pero son precisamente sus múltiples cualidades y la impresión de que absolutamente todo se le da de maravilla lo que me lleva al título del post, ya que no he podido evitar recordar a otros personajes que son, literalmente, perfectos. Y con esto no pretendo quitar mérito alguno al señor Rothfuss, pues entiendo, y celebro, que Kvothe sea así. Aún más, para la historia de esta novela, tenía que ser así.

   Dejando ahora a un lado al mencionado Kvothe y centrándome en lo que venía a contaros, creo no equivocarme al afirmar que, probablemente, todos vosotros os habréis encontrado, en  multitud  de ocasiones, con personajes cuyos autores decidieron otorgarles la gracia de ser perfectos. Ante la descripción "bueno; comprensivo; tolerante; justo; inteligente; con grandes dotes para la lucha, la música y hasta el cortejo; guapo, alto y de cuerpo escultural; humilde; honorable; fiel", y así una largo etcétera de virtudes, más ningún defecto, siquiera gracioso o simpático, estoy del todo convencido de que más de un personaje de esta guisa os vendrá a la mente.

   ¡¡Pregunta!! ¿Conocéis esa expresión, y no va con maldad, que viene a reconocer dicho virtuosismo general a una persona real? Sí, hombre, la de es que Fulanito da asco. Pues en cuanto a personajes de novela, no sé a vosotros, pero a mí me chirría, mucho más de lo que pensáis. Quizá me digáis que exagero, que no es para tanto, aunque puede que mi percepción como autor me lleve a reflexiones distintas a los demás, por algo similar a la deformación profesional, qué sé yo, pero es así; creo que esos personajes, en primer lugar, no son creíbles (porque lo hacen bien todo, todo y todo), y, segundo, que es un error pretender vendérselo de semejante manera al lector.

   Soy el primero, por mi condición de creador de historias, que entiende la necesidad de que haya grandes personajes que destaquen sobre la mayoría por sus excepcionales aptitudes, pero para según qué cosas. ¿Cómo es posible, y además muy comúnmente entre franjas de edad muy jóvenes, que sepan tanto y tan bien de múltiples disciplinas, que todo aquello que toquen se gane la ovación y el reconocimiento de los que les rodean, que se decubran ante algo nuevo para ellos como los mejores que haya dado ese mundo, sin haber practicado anteriormente o siquiera recibir lecciones de un más que necesario maestro? Personajes perfectos. ¡Perfectos!

   Lo siento, vuelvo a lo mismo; me chirría, choca y provoca aversión. Una cosa es querer ensalzar a un personaje, pretender transmitir al lector que es de tus favoritos, de los mejores que va a encontrar en tu novela, y hasta desee que se convierta en aquel inolvidable e imprescindible en las listas de tus mejores personajes, pero no lo veo, de ninguna manera.

   ¿Y vosotros? ¿Qué pensáis de esto?





Jorge A. Garrido

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