Posteado por : Jorge A. Garrido febrero 09, 2016




   He escuchado muchas veces eso de que todo está inventado. Lo cierto es que, en nuestra época, resulta una labor bastante difícil el ser original en el desarrollo de cualquier creación artística, algo que como consumidores o autores podemos confirmar sin miedo a equivocarnos. En concreto en mi faceta como escritor, no faltará quien diga que mis obras le recuerdan a algún otro libro conocido o que mi narrativa, personajes o descripciones son similares a las de cierto autor o autores, pues también es verdad que vamos definiendo nuestro estilo en base a las experiencias e influencias de las que vamos imbuyéndonos a lo largo de nuestra vida. Así, nos encontramos con multitud de propuestas muy parecidas en las que apenas cambian la forma de contar una historia o el modo en que el autor es capaz de sumergir al lector en la trama.

   Y ahora… "el intríngulis”. ¿Cuándo pasamos de hablar de beber de un estilo a copiar? Es un tema harto complicado, desde luego, y voy a comenzar poniéndome de ejemplo. En mi saga fantástica utilizo dragones y demonios. Son especies que aparecen en un sinfín de obras. Los primeros como poderosas criaturas aladas, reptiles enormes que provocan auténtico pavor entre aquellos que los observan de cerca; los segundos como seres terribles, generalmente grotescos en cuanto a su fisonomía y amantes, al extremo, de la violencia. Y oye, que también tengo caballeros sacados de cualquier tapiz medieval, con sus armaduras abolladas y oxidadas y armas de todo tipo, como puedan ser espadas, hachas, arcos y lanzas.

   Tomando esto en cuenta, ¿estoy copiando? Porque anda que no habrá obras que incluyan a todas estas criaturas, además de plantear conflictos de masiva participación en cuanto a personal militar y poseer una ambientación donde los habitantes del mundo representado compartan una muy íntima relación con la naturaleza y sus recursos, tan lejos de la tecnología moderna que nos rodea. Pero entonces, ¿qué marca esa línea de diferenciación? ¿Cuáles son los conceptos básicos que pueden utilizarse y cuáles se deben evitar?

   Yo creo tener claro que hay ciertos elementos generales que no le pertenecen a nadie, es decir, que podemos utilizarlos para nuestras creaciones. Me gustan los dragones, por ejemplo, y quiero que participen en mi novela. Ahora, tendré que otorgarles características más personales que los diferencien lo más posible de otros, aunque, como os decía al comienzo del post, da la impresión de que esté todo inventado y es muy, muy posible que el concepto exacto que tengo para mis propios reptiles ya se haya visto en otro libro. ¿Ahí sí podemos hablar de copia o aún no?

   Así y todo, he de reconocer que hay ciertos límites que yo no rebasaría. Habrá quien me dé la razón y quien me la quite, pero os voy a poner algún ejemplo de cosillas que he leído últimamente (que “por suerte” tengo al alcance bastantes libros y les voy echando un ojo hasta que encuentro distintos aspectos que me chirrían. Y sí, suelo dejarlos en ese punto, tras varias de estas cosas que os apunto). Desde luego, no os diré título ni autor, no me corresponde tal revelación, pero he aquí, de forma literal, lo que he leído en los dos últimos libros que había comenzado:

   1.-  —No te preocupes viejo. No debes preocuparte. Tu espada no brilla, lo que indica que no soy un orco.

   2.-  (Explicación de un elfo a lo que son los orcos para alguien que nunca los había visto y pregunta por ellos)
   —Antaño fueron elfos —dijo—, pero un mago que practicaba magia negra consiguió capturar a algunos de los nuestros. Los encerró, torturó e hizo que tomasen pócimas elaboradas de las artes más oscuras hasta transformarlos en seres completamente diferentes de los que llamaron orcos. Son seres el doble de fuertes que un elfo normal. Malvados, perversos y carroñeros. Incluso en ocasiones practican el canibalismo, pero son poco diestros en el arte de la lucha y muy cortos de mente. No son buenos trabajando en equipo y continuamente se pelean entre ellos.

   Sé que habrá quien se me lance al cuello por atreverme a poner esto aquí, incluso que me ataquen diciendo que yo mismo estoy copiando en mis obras, pero no os miento al afirmar que no estoy seguro de dónde se encuentran los límites (por ello expongo y no acuso). Respondedme vosotros: ¿podemos tomar prestada la información de otro trabajo artístico que nos gustara especialmente? ¿Se nos permite utilizar la idea ya expuesta en novelas clásicas sobre la forma de ser y actuar de una especie? (Que quizá sean estas tomadas como mitología de libre uso, no lo sé).

   Tenéis la palabra.





Jorge A. Garrido

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