Posteado por : Jorge A. Garrido abril 21, 2014



   Según la perspectiva desde la que se mire, el mundo de la literatura goza de poca o mucha salud. Y es que venderse no se venderán muchos libros, pero escritores hay hasta en la sopa. ¿Las causas de semejante brote? Yo creo que existen dos factores determinantes. Por un lado, el acceso a herramientas que facilitan enormemente tanto escribir como desarrollar por uno mismo todas las cuestiones de edición. Por otro, la crisis global, que nos ha dejado a mucha gente parada que no trabaja ni sabe en qué más invertir su tiempo. Bueno, de acuerdo, puede que algunos de éstos simplemente hayan encontrado al fin el valor de lanzarse a realizar su sueño de escribir un libro, pero hablamos de muchos, muchos nuevos escritores, y sin tiempo de sobra no habrían tantos. Ahora, ¿es bueno este incremento sin precedentes? En mi opinión: no, no lo es en absoluto.

   Respecto a los lectores, éstos pagan un dinero por un producto que esperan optimizado. Siempre es posible encontrar erratas en una obra comercial, pues los correctores y traductores siguen siendo personas, pero esas facilidades de las que antes hablaba están propiciando que se sature el mercado (sobre todo el digital) con miles de obras mal estructuradas, una horrible maquetación y repletas de errores ortográficos y gramaticales que distraen de la lectura y la vuelven engorrosa, debiendo leerse párrafos enteros varias veces para poder captar las ideas que intentan transmitir. Así, el lector se cansará pronto, incluso llegará a sentirse estafado por la compra, y, entonces, dejará de acercarse a cualquier obra que no esté avalada por una editorial que le dé esa confianza que necesita con sus siguientes libros.

   De cara a los autores que realmente cuidan sus trabajos y todos sus aspectos y características, éstos ven cómo su obra queda sepultada por otras tantísimas más que no poseen siquiera una mínima calidad. Poco importa el largo tiempo invertido en corregir cada posible errata, en leer varias veces su obra con detenimiento para evitar lagunas, contradicciones y otros errores, el agenciarse un grupo de personas de confianza que la lean y valoren. Va a pasar desapercibida, en un momento clave antes de que el lector que quería apostar por nuevos autores, harto de malos y muy descuidados libros, pase olímpicamente de cualquier novel.

   Aún más, existe un tercer valor a tener en cuenta. El número tan enorme de nuevos escritores ha traído consigo un incremento de las malas editoriales. Esto es, empresas dedicadas a aprovecharse de la ilusión y el desconocimiento de los autores noveles para ganar dinero a costa de ellos, ni siquiera de su trabajo como cabría esperar del mercado literario convencional. Les engañan y hacen firmar contratos con cláusulas del todo abusivas, abandonados más tarde una vez que ya les han sacado todo lo que pretendían obtener de ellos (y no de la venta de sus libros). ¿Son así todas las editoriales? No, o eso espero, aunque se da la situación de que las grandes firmas se ven saturadas de manuscritos y hay muy pocas que al final quieran arriesgar su capital con éstos, no ahora que, como decía al comienzo, ya no se venden tantos libros.

   Así las cosas, ¿cuál es el futuro de este mercado, de los escritores y la literatura? La verdad, veo un futuro muy poco alentador, pues aunque muchos abogan por un cambio editorial y por el desbancamiento del poder y control absoluto de las editoriales, otros suspiran porque este boom de nuevos autores se desinfle y la oferta se adecue a la demanda.
   En conclusión, y a modo personal, creo en una solución intermedia, en un equilibrio de las ideas expuestas por ambos extremos. No tiene sentido que no se tenga en cuenta las miles horas de trabajo del escritor, en ocasiones durante años, para percibir una tan pequeña porción de los beneficios y que incluso sus derechos sobre sus propias obras le sean arrebatados ante el control desmesurado de las editoriales. Ahora, tampoco se le ha de ceder una libertad total a los escritores (sin filtro alguno para la evaluación y correción de la obra), ya que el receptor final de tan largo proceso es el que va a determinar con su dinero que estos projectos sean o no viables. Y aquí entra una certeza ineludible: si nadie compra libros, la figura del escritor deja de tener sentido.





Jorge A. Garrido

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  1. Que acertada opinión. Como reseñador he podido comprobar palabra por palabra los casos que describes en este artículo. Obras de autores noveles cuya calidad me ha dejado sorprendido y a la altura de cualquier bestseller y escritores que simplemente han puesto sobre papel una buena idea sin preocuparse por las formas, lo que evidentemente perjudica tanto al propio escritor como al resto de escritores que intentan hacer un buen trabajo.
    Es obvio que todo el mundo puede cometer errores pero cuando uno no cuida su trabajo el lector acaba por darse cuenta y sentirse estafado más que por el dinero invertido por el tiempo perdido en algo que debería ser un momento especial que nos transportara a nuevos mundos,nos hiciera vivir vidas diferentes...en definitiva nos hiciera soñar.

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    1. Cierto, posees una posición privilegiada para ver el problema. Dinos, cuántas buenas historias habrá, pero qué pocas deberían comercializarse como profesionales cuando no lo son, ¿verdad? Así, descuidadas por completo, lo único que consiguen para su autor es que quien le lea no vuelva a acercarse a él, lastrando a su vez el resto del mercado, que no son sólo unos pocos libros, sino cientos a estas alturas (por no decir miles).

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  2. Y, cuando se logra escribir sin errores ortográficos ni gramaticales (el equivalente a conocerse las normas de un juego), ahora viene la capacidad de epatar, de tocar una fibra sensible, de trascender el alma humana, de crear auténticos personajes y no actores de nuestras fantasías, de ser verdaderamente original y no limitarte a trascribir (o mamporrear) escenas de una película o un cómic; en definitiva, de hacer algo por lo ese texto merezca la pena ser leído.
    Y aquí es donde viene la verdadera dificultad, donde se quedan 999 de cada 1000 aspirantes que pasaron la criba anterior.

    Cualquiera que pone las tres letras mágicas (FIN) al final de una resma de folios está firmemente convencido de que acaba de alumbrar una obra maestra, si no, no habría invertido tanto esfuerzo e ilusión en el empeño; no obstante, de ahí a que lo sea, media un abismo. Se precisan grandes dosis de humildad y realismo (y algún que otro varapalo) para poner a la propia obra y a uno mismo en su sitio.Yo mataría sin dudarlo al que pretendiese echar un ojo a mi primera novela.

    En todo caso, el oficio de escritor una tarea solitaria y a menudo ingrata, pero uno de los pocos en los que la mera labor constituye la recompensa al esfuerzo, así que siempre merece la pena escribir.

    Saludos y suerte, primo lejano.

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    1. Sin duda, lo merece. No obstante, habría que tener clara una línea de diferenciación entre completar un reto personal como es terminar un libro propio y el lanzarse a su venta como obra profesional. Desde ese mismo punto del "Fin", como apuntabas, aún queda un muy largo trecho hasta conseguir darle a dicho trabajo el nivel que precisa para llegar al mercado con garantías, para presentarse frente a sus potenciales lectores con un mínimo de calidad. Muchas lecturas del texto al completo, una minuciosa búsqueda de errores, la consulta constante a la Rae, la opinión de un grupo de valoradores de confianza (que valore la obra con criterio)... Hablamos de mucho tiempo a invertir, pues para llegar al mercado es necesario trabajarla aún con mayor ahínco que durante el desarrollo de la trama. Pero esta verdad "no vende" entre los que con ilusión creen frevientemente que todo el mundo puede comercializar su obra, que ya no es necesario filtro alguno para hacerse un hueco en el catálogo y escaparetes de las librerías. Una lástima, la verdad; por el escritor que sí lo trabaja y por los lectores que inviertan en ellos sin saber lo que van a encontrarse dentro.

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  3. Acabo de leer el artículo, y la verdad es que me ha dejado un sabor agridulce. En primer lugar los escritores. ¿Por qué un escritor novel no va a poder autopublicar su novela, con o sin erratas?, precisamente la fuerza de la autoedición es que tú mismo te puedes corregir.
    Creo que el error de base es que hay que diferenciar a un escritor profesional de uno novel. Yo pertenezco a este segundo grupo, y he tenido la suerte de tener un trabajo hasta el día de hoy, sin sumirme en el aburrimiento. Escribir me supone ocupar parte del tiempo libre que tengo y eso es un esfuerzo que no hay que despreciar. Lo que hay que hacer es aprender de los errores, y sobre todo no engañar al lector.
    Ahora pongámonos en el supuesto de que eres un escritor profesional y tu obra está terminada y sin errores. ¿Quién te dice que tu obra está a la altura de ser leída por los lectores?
    Yo me he encontrado con dos tipos de lectores, los compulsivos, por llamarlos de alguna manera, que son los que leen todo lo que cae en sus manos y son los más críticos, y el resto, que disfrutan simplemente de una buena historia. En cualquier caso, no hay que equivocarse, los que leen no son tontos y saben perfectamente diferenciar lo que quieren de lo que no.
    La labor de los autores no es quedarse en escribir, sino en promocionarse y publicitarse. El que se quede sólo en escribir no tendrá ninguna posibilidad.
    El resto, no puedo estar más de acuerdo, aunque creo que la gente, pase lo que pase, va a seguir leyendo.

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    1. El novel, por supuesto, ha de tener derecho a acceder a un mercado del todo restrictivo, abierta al fin la posibilidad de saltarse aquellos organismos que son los que siempre han decidido qué se publica y qué no. Sin embargo, debe preocuparse por que su obra quede lo mejor posible, ya que la está vendiendo como profesional. Y no hablo en el artículo (que no deja de ser una opinión personal) de que el haber triunfado en una o varias obras sea garantía de calidad en futuros trabajos. No, yo me refiero a esa corrección que muchos escritores se saltan. Es un paso obligado y se nota que no se preocupan por él. Vamos, incluso existe la figura del "corrector profesional" si no dispones del tiempo que deberías invertir en optimizarla.

      Al caso de esto, hace dos o tres días leí en un hilo de Facebook a una escritora que se quejaba de un comentario sobre su libro en Amazon. En él se decía que la historia era buena, pero que no daba la impresión de haberse corregido, lleno el texto de faltas de todo tipo. La escritora se sentía indignada, pero en sus comentarios posteriores y las respuestas de sus "amigos" nadie decía que no fuera verdad, tan sólo se veían comentarios del tipo "son unos envidiosos" o "tú vales mucho, no les eches cuenta". Oye, pues si te votan con varias estrellas y te dicen que la historia les parece buena, no da la impresión de que hayan dejado el comentario para hacerte daño. Es más, te está haciendo un favor, indicándote dónde fallaste y qué debes mejorar. Pero la indignada escritora no hacía sino echar fuego por la boca "sin indicar, nunca, que le hubiese dado varias vueltas a su libro y se esmerara en corregirlo como merece".

      Hay que corregir, cuantas veces se pueda. Y cuidado, que yo mismo reconozco que mi obra no está optimizada al cien por cien (sigo aprendiendo, día a día, a mejorar el uso de mi propio idioma), pero no la puse a la venta hasta asegurarme de que el que invirtiera en ella no se sentiría estafado con un libro que hiciera vomitar al diccionario de casa.

      Muchas gracias por tu comentario.

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  4. Yo soy un autor autoeditado y te doy totalmente la razón. En mi caso escribí y reescribí mi primera novela (Invierno humano) hasta que ya no supe hacerlo mejor. Además la envié a un corrector y encargué varios informes de lectura. Por desgracia, como bien dices, abundan los autores que escriben 5 o 6 novelas en apenas un par de años y luego las promocionan hasta la exasperación. Y por desgracia también, les funciona de maravilla, colgándonos el "san benito" de malos escritores a todos aquellos que tratamos de mejorar día a día en este mundillo.

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    1. Exacto, Kiko. Es una lástima que no se esmeren en presentar una obra en condiciones (por corrección y maquetación, que de todo hay). Y es que, si tanto has invertido en el desarrollo de la trama, ¿por qué no haces lo mismo con la presentación? En muchísimas ocasiones los lectores dejan de leer a las pocas páginas de haber comenzado por esa ausencia de corrección y quizá se vayan a perder una fabulosa historia. Un libro abandonado por las prisas para publicar y una absoluta "falta de profesionalidad".

      En resumidas cuentas y siendo muy claro; el escritor no puede faltarle el respeto al lector vendiéndole una obra en tan horribles condiciones.

      Muchas gracias.

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