Archive for abril 2014

Tantos escritores como setas en otoño

Por : Jorge A. Garrido


   Según la perspectiva desde la que se mire, el mundo de la literatura goza de poca o mucha salud. Y es que venderse no se venderán muchos libros, pero escritores hay hasta en la sopa. ¿Las causas de semejante brote? Yo creo que existen dos factores determinantes. Por un lado, el acceso a herramientas que facilitan enormemente tanto escribir como desarrollar por uno mismo todas las cuestiones de edición. Por otro, la crisis global, que nos ha dejado a mucha gente parada que no trabaja ni sabe en qué más invertir su tiempo. Bueno, de acuerdo, puede que algunos de éstos simplemente hayan encontrado al fin el valor de lanzarse a realizar su sueño de escribir un libro, pero hablamos de muchos, muchos nuevos escritores, y sin tiempo de sobra no habrían tantos. Ahora, ¿es bueno este incremento sin precedentes? En mi opinión: no, no lo es en absoluto.

   Respecto a los lectores, éstos pagan un dinero por un producto que esperan optimizado. Siempre es posible encontrar erratas en una obra comercial, pues los correctores y traductores siguen siendo personas, pero esas facilidades de las que antes hablaba están propiciando que se sature el mercado (sobre todo el digital) con miles de obras mal estructuradas, una horrible maquetación y repletas de errores ortográficos y gramaticales que distraen de la lectura y la vuelven engorrosa, debiendo leerse párrafos enteros varias veces para poder captar las ideas que intentan transmitir. Así, el lector se cansará pronto, incluso llegará a sentirse estafado por la compra, y, entonces, dejará de acercarse a cualquier obra que no esté avalada por una editorial que le dé esa confianza que necesita con sus siguientes libros.

   De cara a los autores que realmente cuidan sus trabajos y todos sus aspectos y características, éstos ven cómo su obra queda sepultada por otras tantísimas más que no poseen siquiera una mínima calidad. Poco importa el largo tiempo invertido en corregir cada posible errata, en leer varias veces su obra con detenimiento para evitar lagunas, contradicciones y otros errores, el agenciarse un grupo de personas de confianza que la lean y valoren. Va a pasar desapercibida, en un momento clave antes de que el lector que quería apostar por nuevos autores, harto de malos y muy descuidados libros, pase olímpicamente de cualquier novel.

   Aún más, existe un tercer valor a tener en cuenta. El número tan enorme de nuevos escritores ha traído consigo un incremento de las malas editoriales. Esto es, empresas dedicadas a aprovecharse de la ilusión y el desconocimiento de los autores noveles para ganar dinero a costa de ellos, ni siquiera de su trabajo como cabría esperar del mercado literario convencional. Les engañan y hacen firmar contratos con cláusulas del todo abusivas, abandonados más tarde una vez que ya les han sacado todo lo que pretendían obtener de ellos (y no de la venta de sus libros). ¿Son así todas las editoriales? No, o eso espero, aunque se da la situación de que las grandes firmas se ven saturadas de manuscritos y hay muy pocas que al final quieran arriesgar su capital con éstos, no ahora que, como decía al comienzo, ya no se venden tantos libros.

   Así las cosas, ¿cuál es el futuro de este mercado, de los escritores y la literatura? La verdad, veo un futuro muy poco alentador, pues aunque muchos abogan por un cambio editorial y por el desbancamiento del poder y control absoluto de las editoriales, otros suspiran porque este boom de nuevos autores se desinfle y la oferta se adecue a la demanda.
   En conclusión, y a modo personal, creo en una solución intermedia, en un equilibrio de las ideas expuestas por ambos extremos. No tiene sentido que no se tenga en cuenta las miles horas de trabajo del escritor, en ocasiones durante años, para percibir una tan pequeña porción de los beneficios y que incluso sus derechos sobre sus propias obras le sean arrebatados ante el control desmesurado de las editoriales. Ahora, tampoco se le ha de ceder una libertad total a los escritores (sin filtro alguno para la evaluación y correción de la obra), ya que el receptor final de tan largo proceso es el que va a determinar con su dinero que estos projectos sean o no viables. Y aquí entra una certeza ineludible: si nadie compra libros, la figura del escritor deja de tener sentido.





Jorge A. Garrido

Literatura novel a precio de oro

Por : Jorge A. Garrido

   Leer es un buen hábito que no habría que perder nunca. Sin embargo, algunos se excusan en que no tienen tiempo (cuando, por ejemplo, se puede leer mientras esperas y usas el autobús o en lugar de zapear durante horas en la televisión sin encontrar nada); otras personas dicen que se aburren (quizá sea más probable que no encontraron el libro indicado para ellos); y otros tantos alegan que no pueden dejarse tanto dinero en libros (discutible razón cuando existen los mercadillos y tiendas de segunda mano en los que casi los regalan a puñados, o las mismas bibliotecas, que ofrecen lectura totalmente gratis), pero hoy me he topado con algo que podría concretar en un no puedo dejarme tanto dinero en obras de autores noveles.

   Para que entendáis a lo que quiero llegar, voy a explicar algo muy brevemente. Ya llevo unos años en el mundo de la autoedición y uno de los problemas a los que he tenido que enfrentarme es asumir el elevado coste en conjunto, tras cada uno de los procesos a realizar hasta tener un ejemplar físico en mis manos. Fuera aparte de algunos opcionales, como pueda ser contratar un ilustrador o el tema de la publicidad, aún hay que realizar una serie de pagos imprescindibles, como todo lo relacionado con los asuntos legales para su registro, publicación y venta o la tarifa que nos impondrá la imprenta si es que lo queremos impreso. Sí, existe la posibilidad de vender la obra únicamente por medios digitales, pero aún habemos muchas personas que huimos de este tipo de tecnología y preferimos disfrutar del libro convencional cuando y donde nos plazca. Por tanto, hay que ir juntando facturas para determinar el precio de coste. Es un mínimo imprescindible para no perder dinero (aunque hay quien afirma que el tiempo se paga, y se gasta mucho tiempo en esta actividad, doy fe) y a pocos les sobra como para, al menos, no recuperar lo invertido.

   Debo decir que tuve suerte, pues he conseguido las ventas necesarias para equilibrar la balanza y así cubrir los gastos de mi edición. Ahora, ¿ganancias? Sí, quizá para una cenita para dos me haya dado, pero ya era consciente de que esto, por ahora, no me iba a dar para vivir. Me lo tomo como un hobby al que le dedico mucho más tiempo que a cualquier otro, el cual por momentos se hace muy duro y no es menos verdad que hay que trabajar muchísimo para ver resultados. Y todo esto, vendiendo unos ejemplares de casi cuatrocientas páginas a catorce euros, y asumiendo por mi cuenta los gastos de envío para aquellos que no puedan comprármelo en persona. Sí, catorce, un precio sumamente elevado (he de reconocerlo) para una obra que, mejor o peor, pertenece a un escritor novel. Mi comprador se arriesga con alguien del que apenas tiene referencias y hoy día, encima con la que está cayendo, hay que pensárselo muy bien a la hora de soltar un sólo euro. De ahí que comprenda que no puedo esperar un mayor volumen de ventas que el ya conseguido, cuando, además, estoy vendiendo sólo un euro y medio por encima del precio de coste. Irrisorio, desde luego, pero necesario para no quedarme con todos ellos amontonados en casa.

   Pero oye, que nadie se equivoque. No estoy llorando porque no pueda saborear las mieles del éxito con tiradas de libros que se vendan solas y repercutan muy positivamente en mi cuenta corriente, sino por el precio al que me veo obligado a ponerlos cuando considero que cualquier lector de un novel no debería pagar más que ocho o nueve euros por sus libros (siempre hablando de ejemplares medianamente gruesos, no de esas novelas que casi parecen más revistas o folletos por unas escasas 150 páginas). Entonces, en este caso, sí que entiendo las excusas sobre comprar libros pertenecientes a estos escritores, que no pueden compararse con grandísimas obras clásicas que puedes encontrar nuevas por apenas cuatro o cinco eurillos. A mí, al menos, me es imposible poner ese precio, con el cual sí se vendería a buen ritmo, pero tampoco puedo permitirme perder dinero.

   Y todo esto lo he puesto aquí como crítica ya no al precio de los libros de los autoeditores, sino del que ha sido impuesto por todas esas editoriales que siempre he considerado como unas aprovechadas de la ilusión de los escritores que sueñan con llegar a ser algún día profesionales de este oficio, engañados con promesas y bonitas palabras que les lleva a ganar dinero a su costa y, a su vez, frenar en seco cualquier posible avance en la carrera de estos escritores noveles. Y es que en esta andadura he conocido algunos otros compañeros de este arte cuyas obras me han llamado la atención y, ¿qué mejor que invertir en sus libros para ayudarles a crecer y empaparme de nueva literatura, ésa por la que normalmente no suelen arriesgarse las editoriales serias (que minimizan esos riesgos atendiendo a las modas y a los nombres de escritores ya reconocidos)? Es de esta forma como paso a comprobar que el precio que estas editoriales de tres al cuarto les colocan a sus libros se muestra totalmente desmedido, buscando en todo momento el si cuela para ganar dinero sin apenas trabajar por ello.

   Echando un vistazo unos párrafos atrás, recordaréis que dije que el precio de mi libro era de catorce euros. Bien, esto le ocurre a una persona a la que ya sólo la imprenta, por tratarse de una tirada tan pequeña y sin ofertas que ofrecerle porque igual ni vuelve a ella, le cobra un pastizal. Por contra, una editorial que se jacta de editar a numerosos autores y que tiene una imprenta con la que trabaja de continuo, ¿no recibe buenas ofertas y descuentos para que continúe confiando en ella, para que no se busque otra con precios más reducidos y que le dé mayores beneficios? La respuesta parece clara, ¿no? Entonces, ¿quién me explica a mí por qué un libro de similares características al mío (Din A5, tapa blanda, blanco y negro y casi 400 páginas) puede costar veinte euros, más cinco de gastos de envío? Habéis leído bien, VEINTICINCO EUROS si quiero un libro de un AUTOR NOVEL. ¿Me entendéis ahora? Está empezando, no es conocido, hay que promocionarlo bien y ayudarle a vender. ¿Así se consigue? ¿Éste es el camino? Cualquier lector (que no sea amigo o familiar suyo) va a comparar ese exagerado precio con el de grandes escritores (en buenas editoriales) y no se lo va a pensar: va a dar de lado al novel. Vamos, que yo también lo voy a hacer. Quería apoyar a éstos que con tanta ilusión escriben, pero si no puedo dejarme ese dinero con grandes obras a las que tantas ganas les tengo, ¿lo voy a hacer arriesgándome con personas que están empezando en el oficio sin seguridad de que me encuentre un trabajo bien hecho? Veinticinco... Como decía, carrera y ventas lastradas, por una editorial que no parece muy preocupada por que su editado crezca en el mercado literario. Y aún espero que no fueran tan tontos como para aceptar una coedición (con la cual, encima, los mismos autores pagan una cantidad de dinero por ser editados, por mucho que estos ladrones lo camuflen de copago).

   Pero... Un momento. A ver si es que esa obra que consulté para comprarla es un superventas (y yo sin enterarme) y en realidad se está vendiendo genial a ese precio. Pues vamos a la portada de la editorial. ¿Qué veo? Tres libros de los cuales no conocía su existencia: 366 páginas a 20 euros, 302 a 20 euros también... Parece un stándar, sin atender siquiera a que con menos páginas debería costar menos dinero hacer el libro. Pero oye, al menos han tenido la decencia de dejar un folleto de 162 páginas a QUINCE euros. Eso sí, los cinco de gastos de envío se añaden más tarde...





Jorge A. Garrido

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