Posteado por : Jorge A. Garrido enero 07, 2014


   Si hay algo a lo que constantemente ha de enfrentarse un escritor en sus obras es a la utilización correcta de palabras, expresiones, signos de puntualización... La ortografía llega a mirarse con detalle por algunos exigentes lectores, aunque hay que reconocer que, lejos de las establecidas erratas de cada edición, hay algunos errores que son sangrantes a la vista. Desde luego, hay que tener mucho cuidado.

   Desde mi punto de vista como autor, hay veces en las que dudamos a la hora de escribir, mientras en otras estamos plenamente convencidos de que lo hacemos del modo correcto. Entonces, tenemos dos opciones: Escribir tal cual nos parece o consultar las normas del castellano en las ediciones físicas o digital de la RAE (Real Academia Española).

   Por supuesto, al revisar las ediciones finales de mis libros veo que existen ciertos errores, a veces por despiste y otras por desconocimiento de las reglas por las que se rigen, pero he aprendido a consultarlas ante la menor de las dudas. Mi pregunta ahora es: ¿Por qué los lectores no hacen lo mismo?

   Más de una vez, a todos nos ha ocurrido, leemos algunos errores que nos hacen cuestionarnos qué tipo de profesional es capaz de dejar tan garrafal fallo en el texto comercial (primero por parte del escritor, aunque para algo existe, o debería existir, ese filtro llamado corrector). Pero, ¿podemos estar seguros de que lo que creemos un error lo es realmente? Para eso, repito, está la RAE. Es de libre acceso, totalmente gratuita la consulta. Entonces, ¿tan difícil o tedioso resulta hacerlo? Mientras leemos, como hobby u ocio, podríamos dejarlo pasar y continuar sin darle mayor importancia, aunque para aquel que, por ejemplo, va a reseñar el libro, probablemente debería tener mucho más a mano un diccionario. Y es que no deberíamos dar nuestra opinión sobre algo si no sabemos en profundidad sobre ello.

   Alguna vez, en distintos foros, han intentado corregirme algunos supuestos errores. Un ejemplo es la palabra quizá, la cual me decían que debía pluralizar. ¿Es que quizá está mal dicho? En absoluto, pero me hicieron dudar. Lo que hice fue ingresar en la web de la RAE y comprobar quién llevaba la razón. De no tenerla yo, me quedaba aprender y no volver a cometer el fallo, pero eran ésos que me corregían los que necesitaban consultar un diccionario más que yo. Lo mismo para tildar palabras como , , ésta... Poco a poco he ido actualizándome, mejorando párrafo a párrafo mientras iba viendo cuáles eran las formas correctas, lo cual todos deberían hacer.

   La razón que finalmente me ha llevado a realizar esta reflexión viene dada por las últimas reseñas recibidas con uno de mis libros, ya que en dos de las cuales hablan del mal uso que doy a los signos de interrogación y exclamación cuando he de combinarlos a la vez en preguntas formuladas en medio de gritos. Como en otras ocasiones sucediera, acudí a la ya tan mencionada RAE, descubriendo que en ningún momento erré con la forma en que los utilicé. ¿Qué queda entonces? Que cualquiera que lea la reseña tendrá presente que tengo problemas con la puntualización y que incluso puedo llevar a confundir en según qué partes por cuestiones como ésta. ¡Y la Real Academia de la lengua Española me da a mí la razón! Es decir, que mi ejercicio de consulta para optimizar la obra no sirve absolutamente de nada si luego cada lector (incluso el influyente lector que más tarde ha de reseñar el libro) no se esmera en conocer más profundamente nuestro idioma para dar una valoración acertada sobre qué escribe correctamente el autor y qué no.

   Concluyendo este post-queja: Si quieres hacer bien tu trabajo, lo mejor es que te preocupes por conocerlo lo mejor que puedas. Si no, probablemente quedes mal o, aún peor, hagas quedar mal a alguien que, por esa cuestión al menos, no se lo merece.





Jorge A. Garrido

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  1. Solo puedo estar de acuerdo con este comentario. Cualquier profesional, sea cual sea su trabajo debería preocuparse por mejorar día a día. Es inevitable el cometer fallos pero lo que es imperdonable no aprender de ellos.

    Ha esto me gustaría añadir mi punto de vista como reseñador. Por un lado soy consciente de mis propios fallos e influencias en el momento de reseñar una obra, aún intentando realizar lo mejor posible mi trabajo (porque así lo considero) sé que tengo que mejorar algunos aspectos y eso intento reseña tras reseña.
    Por otro lado también me gustaría destacar esta falta de tacto, por llamarlo de alguna manera, de ciertas reseñas que pretenden destacar los aspectos negativos de un libro y que muy habitualmente recurren a los errores ortográficos sabedores que los hay incluso en novelas editas y revisadas por correctores profesionales. Señores pongamos estos errores en el lugar que les corresponde. Es cierto que todo escritor debería cuidar al máximo su ortografía pero también es cierto que un porcentaje (que cada cual tomará según su criterio) de errores ortográficos no es un hecho reseñable. ¿hay que destacar de una obra cuya trama está correctamente trabajada, sus personajes son coherentes y el argumento invita a su lectura que en la página 456 párrafo primero el escritor olvido un acento? habrá quién piense que si, que se trata de algo imperdonable. Yo considero que no. He leído bastantes libros, auteditados, revisados por correctores profesionales, publicados por editoriales grandes, pequeñas y en casi todos he encontrado faltas ortográficas... y a pesar de ello sigo vivo !!! Como en cualquier ámbito hay que dejarse guiar por el sentido común y no querer se más estrictos que la propia RAE por el simple hecho de tener el poder de realizar una reseña que más que un poder debería ser una gran responsabilidad. Que hay algo que reseñar como estructuras mal construidas que entorpecen la lectura, faltas ortográficas que denotan poca o ninguna revisión por parte del autor, bien se reseña y se advierte al lector. Es algo que puede influir de manera decisiva en la lectura de un libro. Que hemos encontrado un 3% de faltas ortográficas...se le comunica al autor para que en la próxima edición salgan corregidas pero no creo que sea algo reseñable, no aporta ninguna información relevante al lector salvo ese falso sentimiento de superioridad para con el reseñador del libro. Al final una buena reseña acaba siendo algo bastante personal, nuestra opinión sobre el libro, pero no podemos utilizar ese argumento para hacer nuestro trabajo sin ningún tipo de profesionalidad.

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    1. Gracias por el comentario, Aven. Desde luego, mientras el trabajo de corrector lo sigan ejerciendo personas en lugar de máquinas (y llegará el día del cambio), veremos que siempre habrá algo que se pase por alto. No digo con esto que haya que perdonar todas las faltas, pero es que con el post quería llegar aún más allá, recomendando a los reseñadores que, ya que aceptan voluntariamente esa responsabilidad, se informen sobre si lo que creen haber visto mal lo está realmente antes de lanzar una crítica negativa. El lector piensa que el que valora la obra es un profesional y no va a plantearse siquiera que escribe sin conocimiento de causa, por lo que finalmente, a vista del lector, ese libro no va a venderse, y el único que pierde es, sin merecerlo, el escritor.

      Esto hay que cambiarlo, porque ya cuesta una barbaridad hacerse un hueco entre tanta campaña publicitaria, pasando meses enteros releyendo una y otra vez la obra para conseguir unas óptimas maquetación y corrección, para que los reseñadores a los que les llega el libro lo pongan a caldo. Si estuviera mal, pues oye, es su trabajo avisar al posible comprador, pero si no es así... Para eso al final será mejor ahorrarse el trabajo de escribir y mucho menos prepararlo concienzudamente para su venta. Y para mí, al menos, sería una gran pérdida.

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