Una novela, ¿necesita transmitir un mensaje?

Por : Jorge A. Garrido

   Voy a comenzar este post con un ligero apunte. A pesar de mi escepticismo, he de reconocer que me gustan los programas sobre el misterio y lo sobrenatural. Os suelto esto porque me viene a la cabeza un fragmento que escuché en la radio. En él, Iker Jiménez decía sobre una película algo así como que hacía lo que una película debe hacer: transmitir un mensaje, ante lo cual su mujer, Cármen Porter, reclamaba que no tienen por qué hacerlo, que pueden simplemente entretener. Este tema podría relacionarse con cualquier expresión o medio artístico, ya sea cine, teatro, pintura, música... pero me centro en el mío, en la literatura, en el que quizá sea uno de los artículos menos extensos que haya escrito en este blog.

   En lo personal, aunque en algunas reseñas sobre mis libros he leído que les han encantado los mensajes que transmiten, os confirmo que mi intención fue siempre la de entretener. Una historia bulle en mi cabeza y a continuación la plasmo en el ordenador. Surgen diferentes personajes y les llevo por caminos que les conducirán hacia el inexorable final de la novela, con mejor o peor suerte para cada uno. Claro está, en el texto y, sobre todo, en el carácter y modo de actuar de dichos personajes hay mucho de mí, y puede que se note alguna queja sobre la desigualdad entre hombres y mujeres o la oposición contra los regímenes represivos contra las clases pobres o medias, por ejemplo. Sin embargo, incluir estos mensajes nunca fue algo premeditado, ni aún menos una razón para dar a luz mis libros.

   Dicho esto, amigos lectores, ¿creéis que un libro puede únicamente entretener o ha de enseñar algo? ¿No veis bien que la trama os haga pasar un buen rato sin que al finalizarla os deje pensando? ¿Es obligatorio que os haga reflexionar? ¿Pierde puntos si muestra personajes que no busquen su propia libertad y sean meros títeres de sus gobernantes y las reglas impuestas? Espero vuestras respuestas.





Jorge A. Garrido

¿Se le puede exigir lo mismo a un autoeditado que a un profesional?

Por : Jorge A. Garrido

   Yo soy autoeditado, eso no me lo quita nadie. Y, desde luego, tuve un comienzo, uno muy poco... profesional. Es cierto que llegó un momento (por suerte bien pronto) en el que me di cuenta de que no podía presentar un trabajo tan mal cuidado, aún menos venderlo de semejante manera, de ahí que retirara del mercado esa primera edición y me pusiera manos a la obra para arreglarla. Uso constante de los diccionarios de definiciones, sinónimos y antónimos y las normas actualizadas de la Rae; entre cinco y seis lecturas a la novela al completo; conocer y aprender las reglas de maquetación; consultar los libros de mi estantería, y pertenecientes a grandes editoriales, para comprobar que lo estuviera haciendo correctamente... Como autoeditor trabajas casi todos los aspectos y has que tenerlo muy claro: todo debe estar cuidado al detalle, esforzarte al límite para darle al libro el mejor acabado posible, cuando en una editorial convencional trabajan muchas personas, especializada cada una en una característica que domina a la perfección. Pero aún más; no contento con cómo me había quedado, volví a dedicarle varios meses y publiqué la tercera edición. Y todavía contendrá algunos fallos, pero la obra se encuentra muy, muy depurada.

   Descrito el complejo proceso por el que ha de pasar un autoeditado, vuelvo a la pregunta del título del post: ¿se le puede exigir lo mismo a este que al autor avalado por una editorial convencional? yo creo que depende. Sí, porque, al final, lo que deberíamos valorar es el producto por el que vamos a desembolsar nuestro dinero. En otras palabras, pienso que hay que pagar un precio justo por el libro que vamos a adquirir. Aquí podríamos poner varios ejemplos (me encanta poner ejemplos), como, quizá, el de las aerolíneas low cost. Pagas por un billete y sufres ciertas pérdidas respecto a otra compañía, como la comodidad, menos espacio entre pasajeros, asientos más rígidos y no reclinables, un menú mucho más simple... pero es que, amigo mío, has pagado menos. Entonces, ¿estoy de acuerdo en que un libro de un escritor que autoedita deba tener un precio más bajo? Si tenemos en cuenta que no termina de ser un producto profesional, al menos debería quedar más ajustado. Y no hablo por hablar. ¿Vosotros entendéis que un autoeditado (más si es novel) publique su libro al mismo precio que el de salida de un autor consagrado, cuya edición, encima, incluya tapa dura? Entrad en alguno de los portales de venta para comprobarlo; puede que os sorprendáis.

   Como conclusión personal, no me entra en la cabeza que se le pueda exigir lo mismo a uno que a otro. Eso sí, cada cual ha de comprender, del mismo modo, que no debe/puede equiparar su trabajo al resultante de un grupo de profesionales que pondrá en el mercado un producto de una calidad bastante mayor (le pese a quien le pese). ¡Cuidado! No estoy diciendo que una única persona no sea capaz de ofrecer un libro bien trabajado y por el que merezca la pena invertir el dinero, pero hay que bajar de las nubes, poner los pies en la tierra y no creerse más de lo que uno es. ¿Qué opináis vosotros?





Jorge A. Garrido

La falta de respeto de algunos blogueros hacia los lectores

Por : Jorge A. Garrido

   Personalmente, no creo que nadie deba sentirse responsable por verter “una simple opinión”. Sin embargo, embarcarse en un blog de reseñas, dado el alcance del fenómeno durante años, requiere cierta objetividad. Tendrás tu propio estilo, serán más detalladas, extensas o cortas, pero lo que no puedes hacer es engañar a los que te leen. Y con engañar no me refiero solo a mentir, sino también a omitir la verdad, una que les perjudica en su “carrera hacia el éxito”.

   Al bloguero le interesa tener muchas visitas y, por supuesto, fidelizarlas. Para ello, algo primordial es ofrecer contenido nuevo y regular, y la mayor parte proviene de las reseñas realizadas sobre los libros que leen. Y aquí viene algo importante: no son pocas las editoriales que “regalan” sus libros a aquellos blogs que tienen una suficiente cantidad de seguidores. ¿Entendéis esto? Libros gratuitos. Además, ¿sois conscientes de la cantidad de novelas autopublicadas que han surgido en los últimos tiempos? Los autores de estas también ofrecen sus trabajos sin cobrar un solo céntimo, ya que es un modo de lograr algo de publicidad, lo que al final hace que el bloguero no deba desembolsar absolutamente nada por nuevos ejemplares, sean en físico o en digital.

   Resumiendo, el bloguero necesita muchos seguidores para conseguir libros gratuitos. Pero aún más; aquellos que les regalan sus libros esperan que la publicidad que se les haga sea buena, lo que lleva a muchos blogueros a publicar críticas positivas “aunque no sean merecidas”. Es decir, a una editorial no le viene bien que se pongan a caldo las obras que espera vender, así como los autores independientes no quieren que circulen por la red reseñas malas de sus trabajos. Se trata, por tanto, de dos aspectos que llevan a la proliferación de blogueros que, como indiqué en el título del post, “faltan al respeto” a los lectores.

   En este punto me diréis que una única opinión no condiciona a otra persona para la compra de un libro, pero, ¿y si esta práctica fuera mucho más habitual de lo que pensamos? No todos lo hacen, a Dios gracias, pero como escritor reviso muchos blogs y me voy fijando en las reseñas que hacen sobre ciertos libros; no os hacéis una idea de cuántos decido ignorar a la hora de contactarles por esta causa.

   ¿Y cómo “engañan”? Por ejemplo, obviando que una novela carezca de corrección o maquetación con una mínima calidad. ¿Y esto es tan importante? ¡Desde luego! Porque esos libros se están vendiendo, no regalando. Si aún no lo veis, responded a esto: ¿pagaríais por una chapuza en la reparación de las tuberías de vuestra casa, mientras aún pierden agua? ¿Por el montaje de un mueble recién comprado en el que falten tiradores o el frontal de un cajón? ¿Y a un taxista cuando os deje a cuatro kilómetros de donde queríais llegar solo porque a él le dé la gana? ¿No? Claro, porque pagáis por un servicio o producto y queréis ese mínimo de calidad, incluso por muy barato que pueda saliros. Entonces, si compráis un libro, ¿no queréis que esté trabajado, que se depure la corrección, que no tengáis que releer tres veces cada párrafo para entenderlos por la completa ausencia o mal uso de los signos de puntuación o continuas faltas de ortografía? Pues hay muchos blogueros que no solo os van a engañar en esto, sino que hasta son capaces de incluirlos en sus listas de mejores lecturas del año, sin avisar en ningún momento de los terribles errores que contienen. Al fin y al cabo, si alguien pica y lo compra, que se joda. Eso no va a suponerles ningún mal, aunque la buena publicidad que han hecho sí les asegura nuevos libros, sea de editoriales, pseudoeditoriales o autores independientes, que volverán a regalarles otros trabajos futuros.

   Para ir terminando, este post puede ir muy de la mano de aquel que ya publiqué sobre “la mafia en los blogs de literatura”, ya que también estoy viendo que, por amiguismos, hay horribles libros muy bien valorados y nombrados hasta la saciedad en detrimento de otros que no obtienen la visibilidad que merecen y cuyos autores sí dedicaron meses de duro trabajo a ofrecer un producto de calidad a todo aquel que invirtiera su dinero en sus obras.

   A mi parecer, las reseñas deberían ir dirigidas a los potenciales lectores (y a la vez compradores) de dichos trabajos, pero queda claro que, en muchos casos, jamás se piensa en ellos. ¿Por qué? Por puro interés de este tipo de blogueros y de las editoriales y autores. Así de claro.





Jorge A. Garrido

Si no te gusta, escríbelo tú

Por : Jorge A. Garrido


   Si tras leer el título del post pensáis que me siento indignado, habéis dado en el clavo. Y es que los escritores, a veces, también somos personas. Vamos a ello.

   Pregunta que lanzo a los lectores: al leer, ¿os gusta que os sorprendan? Yo respondería que sí, que eso es lo que esperáis. Si no, releed las obras que ya han pasado por vuestras manos... Pero no puede ser (para mí es del todo inconcebible) que un lector se atreva a quejarse al escritor de que la trama no haya ido por donde quería. ¡Venga, hombre! ¡¿Qué es esto?!

   El escritor imagina y crea, pero se trata de SU historia. Puedes enfadarte con lo que haga un personaje, sentir lástima o rabia por lo que le suceda, incluso NO GUSTARTE el final, pero lees lo que a otro le salió de dentro. Además, ¿qué es eso de quejarte de que haya o no algo en el libro? ¿Que quieres ver amor sí o sí? Pues lee romántica. ¿Que quieres sexo? Pilla una erótica. O aún más fácil: escribe tú mismo la historia que quieres leer. Nada de venir a quejarte de que no haya lo que tú quieres ver. ¿Estamos tontos?

   Desde hace ya bastante tiempo, me da la impresión de que muchos piensan que esto de escribir no es un trabajo, que no somos profesionales y que no nos deben ningún respeto. Y eso no puede ser. Paso muchas horas (a veces este tiempo pasa de meses a años) preparando, desarrollando, repasando y corrigiendo una historia, buscando que no haya errores, que sea atractiva, que el ritmo sea el adecuado, etc, etc, etc, para que vengan luego algunos lectores a decirme cómo deberían haber sido los acontecimientos, una relación amorosa o el final hacia el que se encaminan los personajes.

   Decidme, ¿me equivoco al escribir esta entrada? ¿Debería agachar las orejas y asentir, dando la razón al lector indignado? Porque para eso, y os digo la verdad, no vuelvo a publicar nada más en mi vida. ¡Un respeto por el profesional y su trabajo, joder!





Jorge A. Garrido

La originalidad en la literatura

Por : Jorge A. Garrido


   Hoy he visto una publicación en facebook que me ha tocado un poquito la moral. La publicó un editor, y que nadie piense que quiero cargar contra él, ni mucho menos, sino hablar sobre lo que de forma tan rotunda dejaba caer: que un autor jamás llegaría a crear una gran obra, sobre el género que tratara, mientras no se hubiese empapado de las obras clásicas de la literatura. Más tarde contestó mi comentario reconociendo que solía pecar de rotundo, pero la afirmación soltada la había escuchado otras muchas veces y me ha apetecido escribir sobre esto.

   Lejos de poneros ejemplos externos, mis propios trabajos se reparten entre literatura fantástica y ci-fi. ¿Os cuento un secreto? No me gusta Tolkien. Aún más, comencé El Hobbit por recomendación y lo abandoné a las casi doscientas páginas, hastiado por la narración que encontré. Entonces, ¿cómo diablos se me ocurre escribir obras fantásticas? Según estas afirmaciones tan claras de los que entienden de literatura, no tengo perdón de Dios.

   Antes de continuar, un pequeño inciso: creo que todo está inventado. Sí, sí; eso es lo que pienso, fervientemente. Creo que lo que nos queda a los escritores es el modo de contar la historia, mostrar un estilo peculiar, el tipo de descripciones, la intención de crear personajes sólidos y atractivos, ritmo, la unión coherente de sucesos... buscar que el conjunto quede bien y mantener así al lector entretenido. Pero crear, lo que se dice crear algo nuevo, va a ser tan difícil que de verdad pienso que se va a convertir en algo imposible.

   Vuelvo al hilo principal del post exponiendo una idea muy personal; que una persona crece interiormente según las experiencias que ha vivido, y sus propias ideas vendrán definidas a partir de las influencias recibidas. En la literatura considero que se trata de lo mismo, que "todo lo que has leído ha influido en ti", de forma que no escribirás igual, ni sobre lo mismo, antes que después de haberte mamado dichos libros. Entonces, ¿la originalidad solo puede darse cuando ya conoces lo que otros crearon? Según las declaraciones de tantas personas pertenecientes a la industria de la literatura, parece que únicamente de esta forma podrás desmarcarte de lo que ya existe, pues no caerás en algo que ya se creó. Pero no puedo estar de acuerdo, más que nada por aquel inciso que os dejé en el párrafo anterior.

   Un ejemplo rápido para que me entendáis (que raro me parecería que aún no lo hayáis hecho). ¿Recordáis en Barrio Sésamo a un muñeco al cual entrevistaba la rana Gustavo? Era inventor, pero bien parecía estar algo aislado del mundo. Un día creó los "calientapiés". El reportero le decía que eso ya existía, que se llamaban calcetines, y el pobre muñeco, descorazonado, le repetía varias veces que no podía ser, que él lo había inventado. Bien, ambos tenían su parte de razón. Gustavo porque en realidad ya existían, y el inventor porque "fue capaz de imaginar y crear algo de su propia cosecha", ya que no conocía los calcetines. Hagamos ahora la comparación en literatura. Un autor no lee a "los grandes" y se pone a escribir sus textos sin influencias de estos famosos escritores. Será capaz, de obtener un buen producto (que luego hay de todo), de crear algo "original". ¿Tiene menos mérito que aquel que leyó a otros tantos escritores y en realidad tan solo modifica lo ya leído en busca de diferenciarse de estos (porque no está creando algo nuevo)? Lo siento, yo sigo en mis trece.

   Acabando ya esta entrada, siempre a modo personal, me reafirmo en que un escritor no tiene la obligación de leer a los clásicos para ser capaz de sacar un buen libro, dando forma a una historia absorbente y colocando en escena unos personajes realmente arrebatadores. Podrás enriquecer tu vocabulario leyendo mucho, fomentar una imaginación que quizá de serie ya era impresionante, pero jamás me convencerán de que una obra de un autor que no conoce a los grandes del género "nunca será tan buena" como la de aquel escritor que devoró cada uno de esos clásicos (y, además, se nota dicha influencia en sus trabajos). Mentíos a vosotros mismos si queréis, pero hacer más de lo mismo, aunque con alguna modificación, no lleva a una obra a ser "grandiosa".





Jorge A. Garrido

La mafia de los blogs de literatura

Por : Jorge A. Garrido


   Parece un título algo extraño, ¿verdad? A mí me lo parece, pero es una realidad, una muy triste realidad. Tampoco es que lo haya sufrido personalmente, pero me muevo en el sector literario, a nivel tanto de lectores como de escritores, y no soy ajeno a este fenómeno.

   ¿Exagero? En absoluto. Si uno es observador, leyendo los comentarios de las reseñas publicadas en estos blogs literarios ya va identificando piques y roces entre ellos. Algunos hasta se integran en grupos que no se lo piensan dos veces a la hora de desproticar sobre aquellos que pertenecen "al bando enemigo", y aquí viene lo de mafia.

   La verdad, siempre he pensado que la competencia es buena para el usuario, pero en otros sectores, no en el literario, y es que aquí no solo el lector puede salir perjudicado, sino también, y en mayor medida, el escritor. Me explico:

   El autor es una persona y, como tal, puede hacer amistad con un bloguero que reseñara su libro y quedara encantado con el mismo. ¿Os podéis creer que uno de sus enemigos pueda cargar negativamente contra el trabajo del escritor tan solo por el hecho de mantener una buena relación con el primero que mencionamos? Pues ocurre.

   Pero aún hay más. ¿Qué pasa si entre autor y bloguero existen diferencias que les lleven a una discusión? Aquí viene otra de las grandes: que el bloguero puede hablar con otros tantos amigos suyos para tirar por tierra el trabajo del escritor, creando reseñas muy negativas (que incluso remarquen aspectos contrarios a los que en realidad se ven en el libro) e inundando dichas páginas con comentarios que hablen muy mal de él.

   ¿Y todo se queda ahí? Para nada, pues aprovechan las herramientas de difusión de las distintas redes sociales para desprestigiar al autor y motivar a sus propios lectores para que eviten su compra y lectura.

   Como os decía, una auténtica mafia encubierta que desde los niveles más bajos puede obstaculizar con dureza el buen camino que estuviera siguiendo una obra. La pregunta es: ¿por qué lo hacen? A saber... entre escritores frustrados, otros tantos envidiosos e incluso los que, de pronto, se ven "con poder" para movilizar a otros que les sigan, cuando es muy posible que hasta hace muy poco se mantuvieran recluidos en su cueva, autolamentándose de su peuril existencia. Ahora, no obstante, se creen importantes, cuando no hacen sino dejarse en evidencia, ya que cada vez es más fácil identificarlos.

   En serio, una auténtica lástima que ocurran estas cosas, con lo difícil que ya de por sí lo tiene el autor para llegar a nuevos lectores.

   *PD: Que nadie me malinterprete; no pienso que todos los reseñadores entren en el saco de los mafiosos. Unicamente expongo un fenómeno que existe y del cual me quejo a pleno pulmón, pues no hay derecho a esto, pero, repito, en absoluto creo que sean todos los blogueros reseñadores (ya decía al comienzo que estoy viéndolo por la red, cada vez de forma más aparente, aunque no lo he sufrido en persona).





Jorge A. Garrido

¿Y en qué género se encuadra mi obra?

Por : Jorge A. Garrido

   Será que uno se va haciendo viejo, porque es echar un leve vistazo al pasado y pienso en lo sencillo que era todo. No había móviles y uno estaba localizado. Tampoco teníamos ordenadores y éramos capaces de hacer llegar mensajes a personas muy alejadas de nosotros. Incluso ibas a una librería y veías cada género literario perfectamente diferenciado. Y yo me pregunto: ¿qué diablos ha pasado?

   Pensadlo un momento. ¿Verdad que cualquiera podría definir enseguida, y sin equivocarse lo más mínimo, lo que era una obra de misterio? ¿Y una de terror? ¿Fantasía? ¿Romántica? ¿Policíaca? Pues oye, quizá sea que nos movemos en un nuevo mundo en el que si no pones nuevas etiquetas no eres bienvenido, o tal vez son ganas de joder y complicarlo todo, así de simple.

   Vale, que quizá esa información adicional a modo de "subgénero" ayude al lector a encontrar con mayor exactitud la obra que desea leer. Así podemos diferenciar, por ejemplo, una novela de fantasía épica de otra oscura o una de ciencia ficción steampunk de la postapocalíptica, pero, ¿de verdad es necesario ahondar tanto? Porque son tantas esas etiquetas que nos encontramos con obras en las que uno ya no sabe dónde terminar de encuadrarlas. Y es que, a poco que el escritor le dé una complejidad mayor a su trama, podríamos definirla con multitud de géneros a la vez.

   Pero es que hoy he descubierto otros conceptos. ¿Alguien me explica qué es "new adult"? Lo he buscado, ¿eh?: novelas de corte romántico juvenil en el que los protagonistas tienen entre 18 y 25 años. Pero espera, que luego hay que diferenciarlo también del "young adult".

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   En serio, ¿qué está pasando? ¿Por qué hay que complicarlo todo, darles mil nombres y acabar mareando al usuario con tantas definiciones y clasificaciones? ¿O es que soy yo, que ya no tengo cabida en este mundillo? Es que no, no lo entiendo. Por muchas vueltas que le dé. Que no...





Jorge A. Garrido

Sinrazón

Por : Jorge A. Garrido

   Turno de anunciaros la llegada de la décima edición del Proyecto Gólem. El tema esta vez es: "soy malo y me gusta". Y, por supuesto, he aquí mi participación.

Podéis leerla clicando en este enlace. O ver otras entradas del proyecto haciendo click en este otro.





Jorge A. Garrido

Yo sí puedo, pero a mí que ni se les ocurra

Por : Jorge A. Garrido
   Hace tiempo que sale este tema entre mis conversaciones con otros colegas escritores y estos sueltan frases para todos los gustos. ¿Que qué tema? El de la piratería. Y no es que en este post vaya a intentar justificarla o atacarla, nada de eso. Lo que quiero destacar hoy es esa actitud de muchos noveles o independientes que se quejan de que les pirateen y, sin embargo, ellos mismos lo hacen con otros autores. ¿Duele que vengan a robarle a uno? Desde luego, pero poco puede quejarse dicha persona cuando es la primera que lo hace. Venga, ¿quién no ha visto una serie o película, descargada u online? ¿Y bajado música? Que nadie mienta, que nos conocemos...

   Pero oye, vayamos un poco más lejos, porque lo peor de todo es aprovecharse de lo que hicieron terceras personas para promocionar sus propias obras, y parece que les da completamente igual. ¿No habéis visto imágenes de publicidad de libros en las que incluyen a actores o modelos o vídeos con música y clips de películas o videojuegos que han robado impunemente sin pagar nada por ellos, ni siquiera indicar a quién pertenecen? Pues eso es piratería, encima con ánimo de lucro, que es aún más grave, y siguen justificándose. "Es que todos lo hacen" o "total, si para lo que gano nadie va a fijarse" son solo un par de ejemplos de lo que usan para defenderse. Es decir, que yo sí puedo piratear y aprovecharme del trabajo de otros para promocionarme, pero a mí que ni se les ocurra.
 
   A ver, tampoco voy a ir de bueno y engañaros. Debo reconocer que en su día estuve tentado a hacerlo, pues es verdad que no tenemos esa mentalidad de respetar el trabajo de los demás, ni parece que se castigue como se debiera dicha acción, pero incurrir en esto me alejaba ya no solo de la imagen que quiero dar a mis lectores, sino también de lo que yo mismo quiero ser.

   Entonces, ya sea por conciencia o, como ya he remarcado en otros posts, por aparentar esa profesionalidad de la que queremos presumir, que cada aspecto de nuestro trabajo, directo o indirecto hacia nuestras obras, sea cien por cien original. Con mayor o menor presupuesto, con mejor o peor resultado final, pero nada de robar a otros para enriquecernos nosotros, que bien decimos a boca llena lo mal que nos parece que nos pirateen lo nuestro. Por tanto, no hagamos aquello de lo que nos quejamos que nos hacen.




Jorge A. Garrido

Un profesional debe serlo y parecerlo

Por : Jorge A. Garrido

   Hace ya algunos años que me muevo por foros y blogs donde únicamente iba a encontrar “escritores”. En ellos he buscado mejorar en este arte, enterarme de las novedades impuestas por la RAE, empaparme de la experiencia de otros autores... En otras palabras, he pretendido crecer. Y creo poder afirmar que lo he hecho, adquiriendo nuevos y muy necesarios conocimientos. Entre otros, está el de formarme una mejor idea de lo que hago.

   Recuerdo mi primera propuesta editorial, un breve documento mandado a las editoriales en el que incluyes un escueto resumen de tu manuscrito, sus datos técnicos y los tuyos como autor. Busqué mucha información sobre cómo realizar esta propuesta a fin de parecer lo más profesional posible y me encontré con un dato a rellenar que no me esperaba en aquel momento: "rango de edad hacia el que está dirigida la obra". Y es lógico, ¿verdad? Como autor de la misma, ¿quién, mejor que yo, sabrá cuáles son sus lectores potenciales? Pues no me refiero sólo a la edad en este post, sino incluso al sector.

   Voy al grano: un escritor debe entender que, por norma, otro escritor no va a ser lector suyo, menos entre los iniciados. Sé que muchos de los que lean este post me dirán algo como "qué exagerado eres" o "te tomas demasiado a pecho lo que hayan hecho unos cuantos", pero no os miento si os digo que hay días en los que recibo hasta diez invitaciones a comprar libros de estos autores. Haced cuentas, que es "a diario".

   Muchos de estos que me llenan de publicidad el buzón (a través de la dirección del blog, facebook, linkedin, twitter...) son miembros de esas redes, foros y blogs de los que os hablaba, lugares donde no hay un sólo lector (me refiero al lector no-escritor). Y ya no sólo eso, sino que inundan los espacios de interés real, como puedan ser tutoriales para rellenar formularios, listas de editoriales nocivas o artículos sobre reglas ortográficas que han sido modificadas, con más publicidad sobre sus trabajos. Básicamente, es que no es el lugar en el que venderse. Además, aunque sólo sea por sentido común, ¿anuncias que tienes un recopilatorio de poemas en un grupo dedicado a los libros de terror? ¿Promocionas una novela romántico-erótica en un foro sobre fantasía? Y espera, ¡que todavía llegan a enfadarse si les comentas que ahí no pueden publicitarse!

   Para todos esos escritores, aquí va un muy buen consejo: si pretendes hacerte ver como profesional, compórtate como tal.





Jorge A. Garrido

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