¿Y si alguien no quiere leer?

Por : Jorge A. Garrido

   Quizá pueda parecer un post algo extraño dentro de un blog dedicado a la literatura, pero no deja de ser una opinión en firme de este autor, y me gustaría exponerla. Más tarde, a su término, me diréis qué más o menos de acuerdo estáis conmigo.

   Hace unos días leí por encima un artículo sobre la cantidad de libros que compra y lee cada español (datos que a saber de dónde salen; yo no tengo ni idea). En él se mencionaba lo de siempre: que las personas cada vez leen menos, incluso que una gran parte ni siquiera ha abierto un libro durante el año que abandonamos. La cuestión es que no solo eran "datos", pues continuaba con una clara queja hacia los que no leían. Tampoco profundicé mucho más, eso es cierto, aunque el tono general no presagiaba un cambio de sentido hacia su final. Por tanto, cerré la pestaña del navegador, ya que no me interesaba saber más del asunto. En primer lugar, porque es más de lo mismo, como aquel "es el año más frío/caluroso/lluvioso/seco de los últimos treinta años", y, en segundo, porque me repatalea. Sí, me tiene más que harto esta actitud de "las personas tienen que hacer esto o lo otro", solo porque a alguien le da la gana.

   De acuerdo, he de reconocer que con los años (y ya voy para los treinta y seis) me he vuelto menos paciente, mucho menos. Antes, lo que no me interesaba me entraba por una oreja y me salía por la otra, pasaba y me olvidaba casi al instante de ello, pero son tantas de estas cosas, cada día, las que van saturándome... Es como cuando voy medio dormido en el metro, tan temprano, hacia el trabajo y entra en el vagón una mujer que empieza "a gritar" (no vaya a ser que alguien no la oiga) que TODOS "debemos abrir nuestros corazones a Jesús". Debo decir que soy un ateo reafirmado, pero respeto que cada cual tenga una creencia distinta a la mía "mientras a mí no me afecte". Lo de esta señora me afecta, mucho. ¿Por qué "debo" hacerlo? ¿Quién diablos es ella para decirme que tengo que aceptar una fe en la que no creo, por mucho que suba el volumen de voz? Pues, como esta, montones, al día y cada día.

   Regresando al título del post (que me voy por las ramas), y en relación con el artículo del que os hablaba, ¿qué ocurre si una persona no quiere, o no le apetece, leer? ¿Por qué ese machaque al que se va a ver sometido? Quizá sea que no me haya enterado, que yo aún crea que esto de leer deba tomarse como un hobby, algo con lo que disfrutar, y ya no sea así. Por favor, que alguien me lo diga si estoy equivocado... porque, si algo he sacado muy en claro en lo que llevo vivido, entre otras cosas, es que lo que se hace por obligación no termina siendo tan divertido. De hecho, el ocio no se le impone a alguien. Las personas son muy diferentes en sus gustos, de ahí que haya tantas formas de ocupar el tiempo y sean tan distintas unas de otras.

   En este punto, me gustaría aclarar que soy partidario de acostumbrar a los niños, desde una edad temprana, al hábito de leer. Su personalidad aún se está formando y necesitan conocer lo que hay en el mundo, todo lo posible, para no acabar siendo simples marionetas y adquirir la capacidad para pensar por sí mismos, para abrazar unas ideas u otras por convencimiento, no por imposición. Y, por supuesto, también por fomentar su imaginación y que la trabajen, que ahora parece que les dan todo hecho y bien masticadito. Pero, ¿a un adulto? ¿Que lea porque un tercero quiere que lo haga? ¿Por qué? ¿Con qué autoridad se le obliga y se le insiste en que tiene que coger un libro? Vamos, es que me parece horrible. Así os lo digo, palabra por palabra.

   Yo como ejemplo. A veces voy en el metro con un libro entre las manos, y otras, cuando me siento realmente agotado del día y lo que quiero es olvidarme de todo, ni siquiera pensar y desconectar por completo, cojo el movil y me distraigo con el juego más sencillo hasta llegar a mi parada. ¿Y en casa? Pues lo mismo. ¿Qué ocurre si pongo la televisión; si bajo con la bici y me pierdo durante un par de horas; conecto la consola; me pongo a pintar o escuchar la radio tirado en la cama? ¿Y si no me apetece coger un libro durante una buena temporada, si descubro que me lo paso de maravilla ocupando mi escasísimo tiempo libre, pero mío, al fin y al cabo, en cualquier otra cosa en lugar de leer? ¡¿Qué?! ¿Acaso vendrá alguien a decirme que debo hacerlo, por narices? Pues lo tengo bien claro; a ese que se me acerque le diré, directamente, que se marche por donde ha venido (mentira cochina, le diría otra cosa, pero esto puede que llegue a manos de menores, y hay que protegerlos...).

   Para terminar el post, que se me está haciendo demasiado largo: si alguien quiere leer, que sea porque le apetece. ¿Que podría hacerlo por cultura? Eso está muy bien, pero también se adquiere esta a través de otros formatos de ocio, que en la actualidad la oferta es amplia y variada. ¿Y por otra serie de beneficios? Muy cogido por pinzas me pongáis el que me pongáis, porque, repito una última vez, lo que se hace por obligación no se disfruta, nunca. Por tanto, si te gusta leer y te apetece, hazlo. Si no, haz lo que quieras con tu tiempo y pásalo bien, que la vida es corta y bastantes penurias pasamos ya porque NOS OBLIGAN con otras cosas que tampoco queremos, pero no tenemos más cojones que hacerlas. Y leer, amigo mío, no es una de ellas.





Jorge A. Garrido

Los personajes "perfectos"

Por : Jorge A. Garrido

   Tengo nuevo compañero de viajes en el metro: El nombre del viento. No son pocas las páginas que llevo leídas, aunque entiendo que aún me queda mucho por descubrir. Así y todo, ya he comprendido la razón del éxito cosechado por su autor, pues su libro engancha como pocos, sobre todo por el ritmo, fluidez y originalidad de sus conversaciones. Nunca sabrás qué salida tendrán ni en qué desembocarán, con frases muy ingeniosas a veces, otras del todo absurdas... Incluso alguna vez conseguirá que levantes un segundo la vista de sus hojas y reflexiones sobre lo mencionado en ellas. Desde luego, he de reconocer que su protagonista, del que tanto he oído hablar y visto en la mayoría de listas del tipo tus personajes favoritos de fantasía, es de lo más peculiar, pero son precisamente sus múltiples cualidades y la impresión de que absolutamente todo se le da de maravilla lo que me lleva al título del post, ya que no he podido evitar recordar a otros personajes que son, literalmente, perfectos. Y con esto no pretendo quitar mérito alguno al señor Rothfuss, pues entiendo, y celebro, que Kvothe sea así. Aún más, para la historia de esta novela, tenía que ser así.

   Dejando ahora a un lado al mencionado Kvothe y centrándome en lo que venía a contaros, creo no equivocarme al afirmar que, probablemente, todos vosotros os habréis encontrado, en  multitud  de ocasiones, con personajes cuyos autores decidieron otorgarles la gracia de ser perfectos. Ante la descripción "bueno; comprensivo; tolerante; justo; inteligente; con grandes dotes para la lucha, la música y hasta el cortejo; guapo, alto y de cuerpo escultural; humilde; honorable; fiel", y así una largo etcétera de virtudes, más ningún defecto, siquiera gracioso o simpático, estoy del todo convencido de que más de un personaje de esta guisa os vendrá a la mente.

   ¡¡Pregunta!! ¿Conocéis esa expresión, y no va con maldad, que viene a reconocer dicho virtuosismo general a una persona real? Sí, hombre, la de es que Fulanito da asco. Pues en cuanto a personajes de novela, no sé a vosotros, pero a mí me chirría, mucho más de lo que pensáis. Quizá me digáis que exagero, que no es para tanto, aunque puede que mi percepción como autor me lleve a reflexiones distintas a los demás, por algo similar a la deformación profesional, qué sé yo, pero es así; creo que esos personajes, en primer lugar, no son creíbles (porque lo hacen bien todo, todo y todo), y, segundo, que es un error pretender vendérselo de semejante manera al lector.

   Soy el primero, por mi condición de creador de historias, que entiende la necesidad de que haya grandes personajes que destaquen sobre la mayoría por sus excepcionales aptitudes, pero para según qué cosas. ¿Cómo es posible, y además muy comúnmente entre franjas de edad muy jóvenes, que sepan tanto y tan bien de múltiples disciplinas, que todo aquello que toquen se gane la ovación y el reconocimiento de los que les rodean, que se decubran ante algo nuevo para ellos como los mejores que haya dado ese mundo, sin haber practicado anteriormente o siquiera recibir lecciones de un más que necesario maestro? Personajes perfectos. ¡Perfectos!

   Lo siento, vuelvo a lo mismo; me chirría, choca y provoca aversión. Una cosa es querer ensalzar a un personaje, pretender transmitir al lector que es de tus favoritos, de los mejores que va a encontrar en tu novela, y hasta desee que se convierta en aquel inolvidable e imprescindible en las listas de tus mejores personajes, pero no lo veo, de ninguna manera.

   ¿Y vosotros? ¿Qué pensáis de esto?





Jorge A. Garrido

Hoy muchos blogueros se me echarán encima

Por : Jorge A. Garrido

   Así es, hoy muchos blogueros se me echarán encima, y es que la paciencia tiene un límite.

   Voy a empezar aclarando que, por supuesto, no hablo de todos los blogueros, sería de estúpidos hacerlo, aunque me veo en la obligación de remarcarlo. Por un lado porque no sería la primera vez que vinieran a quejarse, que no se puede generalizar; por otro porque hay muchos de los que solo puedo decir maravillas. Sin embargo, voy a hablar de otros, de los que creen tener razón y se van a enfadar por lo que voy a decir.

   Antes de nada, como otras tantas veces he hecho, voy a ponerme de ejemplo. He escrito varios libros y he trabajado en cada uno durante muchos meses, intentando darles un acabado lo más profesional posible, pero siempre, siempre, he tenido presente qué soy y qué no. Me he esforzado mucho y procuro darles la mayor salida, pues confío, a ciegas, en mi propio trabajo, pero eso no me hace creerme un autor por el que las editoriales debieran darse de hostias. No me considero la repanocha como escritor, ni pienso que mis historias sean las más maravillosas del mundo. He recibido unas valoraciones geniales por parte de la mayoría de los que los han leído y, aún así, sigo pensando que me queda un larguísimo camino por delante, que si quiero llegar a ser "alguien" en este oficio deberé luchar con uñas y dientes durante mucho tiempo. En resumen, sé cuál es mi lugar.

   Vamos con una pregunta sencilla. ¿Qué se necesita para ser bloguero? Yo os lo digo: un ordenador y conexión a internet. Ya está. Creas una cuenta, escoges una plantilla y le pones un nombre. No hacen falta ni ilusión ni ganas, solo crear artículos y publicarlos, "ni siquiera poseer conocimientos o estudios previos sobre el asunto principal del mismo". Una vez hecho, enhorabuena; eres bloguero. Ahora sí, en tu mano está el ofrecer a tu potencial lector un producto atractivo, de calidad, llamativo, original... Los hay, desde luego, pero no me voy a quejar del contenido, sino de los propios blogueros (recuerdo en este punto que no me quejo de todos, pero aquellos que se se piquen... ya saben qué hacer).

   Blogueros literarios, ¿por qué muchos de vosotros os creéis "tan importantes"? Os leéis un libro y después escribís en vuestro blog un resumen del mismo, más una puntuación (en la mayoría de los casos que he visto). Ya no es la forma de expresaros, las faltas de ortografía o que lleguéis a destripar los secretos de la trama, que jamás deberíais desvelar, sino esos aires que os dais cuando alguien no está de acuerdo con lo que habéis puesto. Es más, sobre todo cuando un autor os corrige sobre algo que escribisteis de su propia novela (y no hablo de "vuestra opinión").

   Para ser más concreto, pongo un ejemplo, que ya he visto varias veces:

"Es que sin los blogueros, los escritores no seríais nadie".

   ¿En serio? ¿Cómo alguien puede ser capaz de decir eso, amén de otras tantas barbaridades? No lo entiendo, es que no puedo hacerlo. ¿De vosotros depende que una obra alcance el éxito? ¿Sois los artífices de que miles de lectores corran a hacerse con mis libros? No voy a negar que creo en los blogueros, pero en aquellos que hacen bien "su trabajo". Vuestros blogs son un escaparate más, un granito de arena en esa montaña en la que pretendo que se convierta todo lo que rodea a mis obras, pero nada más. A ver, que yo mismo me he puesto en contacto con muchos blogueros ofreciéndoles mis trabajos "de forma gratuita" para que los leyeran y reseñaran, pero es algo que conlleva intereses para ambas partes, porque yo gano un breve espacio web y vosotros una nueva lectura y más material que ofrecer a vuestros seguidores (que en muchísimos casos no llegan a doscientos, y entre los comentarios se ve que una inmensa mayoría de los mismos son otros blogueros, no lectores que vayan a dejarse su dinero en la obra que comentáis).

   Concluyendo, porque podría pasarme horas escribiendo en este post y no creo que estos personajes merezcan la pena, mi enhorabuena a todos esos blogueros que se preocupan por crear artículos cuidados con mimo y que tratan con respeto tanto a sus lectores como a los escritores. Gracias doy a que me haya encontrado tantos que sí merecen la pena. Ahora, a aquellos de los que me he quejado en este post, que sepáis "que no, que no sois nadie, que sois por completo prescindibles y que los escritores seguiremos estando aquí, con o sin vosotros".





Jorge A. Garrido

Cuando ser escritor no da dinero

Por : Jorge A. Garrido

   Sueños tenemos todos, el que más y el que menos, más humildes o realmente ambiciosos. ¿Y entre los que "escribimos"? Pues también los tenemos. Que nuestras historias lleguen a miles de lectores y estos sufran, se entusiasmen y emocionen con ellas; que recibamos los elogios de la crítica y hasta de otros grandes del oficio; que nos dé para vivir de ello... Pero el problema de llegar a este éxito es que, en la mayoría de las ocasiones y siendo realistas, se trata de sueños, literalmente, y, como tales, quedarán sin cumplirse.

   Por supuesto, hay refranes con clara referencia a este asunto que debemos repetir en nuestra cabeza una y mil veces para creer que tenemos alguna posibilidad, con mensajes como que hay que arriesgar para ganar, el no ya lo tenemos, si no lo intentas nunca sabrás si podrías haberlo conseguido, etc, etc, etc. Es decir, que rendirse lleva al fracaso, irremediablemente.

   ¿Que el camino es difícil? Para unos más que para otros, desde luego, pero hay que intentarlo. Hay muchos competidores por llegar al lector; da la impresión de que hasta haya menos lectores; quizá los que tienen el dinero, medios y poder para llevar una obra mucho más lejos no están por la labor de descubrir nuevos talentos o promesas, y van más a lo seguro... Muchas razones, quizá, para desistir, pensárselo al menos. Aún así, ¿no las hay también para continuar? Sí, claro que sí, aunque supongo que cada uno deberá buscar las suyas para mantener esas ilusión y ganas. ¿Las mías? Pues las tengo. Por ejemplo, cada nuevo lector y su entusiasta valoración tras la finalización de uno de mis libros. Gran sensación y potente inyección de optimismo para enfrentarse a un oficio en el que cuesta mantenerse, no voy a negarlo. Muchas veces, pesa bastante el no encontrar tiempo para desarrollar esta actividad, incluso ver como otros factores en la vida la solapan en importancia y debemos centrarmos en ellos para sobrevivir, que no es poco.

   Seguir escribiendo puede llegar a ser bastante complicado cuando algo que cuesta tanto (pues no es solo juntar letras hasta alcanzar el punto y final) no parece reportar lo que en consecuencia se espera de ello. Sí, me autocito para afirmar que hablamos de sueños, como el de poder vivir de esto, pero, ¿cuántos lo han logrado? Si nos guiamos por las estadísticas podríamos echarnos a llorar ahora mismo, incluso vemos que a lo largo de la historia hubo personas que murieron y no conocieron en vida el gran alcance que después obtuvo su obra. Y nosotros, ¿vamos a conseguirlo? Bueno, si lo dejamos es obvio que no, no lo lograríamos jamás.

   Estoy en esto desde hace ya varios años y me encuentro con casos de multitud de personas que abandonaron, que se rindieron. Quizá no les llenaba tanto, puede que su autoestima o su propia personalidad no les permitiese luchar por su sueño. Pero yo sigo aquí. Y no, no pienso desistir. Sigo vivo, y vivos siguen mis sueños. Hasta que lo consiga, y más allá, podréis contar con mis historias, pues aún me quedan muchas por ofrecer.





Jorge A. Garrido

El sexo en una obra. ¿Imprescindible?

Por : Jorge A. Garrido

   Hace un tiempo, de parte de un fiel lector, me llegó esta pregunta: ¿qué eres, como Disney? La hizo tras la lectura de uno de mis libros, en el que, ante una más que aparente tensión sexual entre dos personajes, no expongo ninguna escena de sexo en sus páginas. Pero no fue el único que echó en falta dicho aspecto tras su lectura. Esto me lleva a pensar detenidamente si resulta, o no, "necesario".

   Para mí, lo reconozco, el sexo es algo del todo prescindible en una obra, al menos en aquella que no se encuadre en géneros como el erótico o incluso el romántico. Sea en literatura, cine, videojuegos... el sexo ocupa minutos que ni me van, ni me vienen; me habría bastado un simple "y disfrutaron juntos el rato que les duró la pasión", para continuar, sin más interrupciones, con la trama que seguía hasta ese momento.

   Ya en el caso concreto de mi libro, como acabo de explicar, creo que no habría sido sino un "rellena páginas", algo innecesario para el hilo argumental, aunque el feedback de estos lectores parece decir otra cosa. Aún así, por más vueltas que le doy, no termino de ver qué tan importante resulta ser, pues su inclusión no habría modificado en absoluto los acontecimientos posteriores de la obra, ni siquiera debería haber influido en los personajes implicados.

   Entonces, ¿es tan necesario? ¿Imprescindible? ¿Tanto lo echáis de menos?





Jorge A. Garrido

¿Mantenerse "políticamente correcto"?

Por : Jorge A. Garrido

   De vez en cuando paso por algunos blogs literarios para leer sus últimas reseñas, así como los comentarios publicados en estas entradas o en plataformas como Goodreads. En ellos descubro algo que me sorprende muchísimo: las quejas de los reseñadores (que, al fin y al cabo, no dejan de ser lectores) por ideas o características que ven en los personajes del libro reseñado, que van en contra de conceptos, situaciones o comportamientos que, hoy día, tanto se defienden en nuestra sociedad.

   Como primer inciso, decir que no estoy a favor de comportamientos como la incitación al odio o la violencia, ni la discriminación de ningún tipo (sea por género, religión, ideas políticas, etc.). En segundo lugar, creo fervientemente que cada individuo es "el único responsable" de sus actos. Por supuesto, entiendo que la educación que una persona recibe, desde su niñez, es esencial para que en su cabeza arraiguen ciertas ideas o valores, pero son los padres, en este caso, los que deben cuidar lo que ven "o leen" sus hijos.

   Tras esta breve explicación, no entiendo que nadie, NADIE, deba criticar cómo debería ser un personaje o qué tendría que desaparecer de una novela. Estas no tienen un carácter educativo, para eso están otros libros, específicos para ello. Por tanto, ¿por qué motivo, y con qué razón, una persona ha de decir "lo mal que está" que un personaje sea, por ejemplo, machista? Cuidado que ya algunos os estáis confundiendo, que no estoy de acuerdo con que el hombre deba mantener una posición y privilegios por encima de la mujer... Pero, ¿acaso no existen personas así? Las hay, ¿verdad? Y porque no seamos afines con dicho pensamiento, ¿debemos eliminar a todo personaje machista de una historia? ¿O hacer que este sufra un castigo e incluso que "cambie"? ¡¿Por qué?! ¿Porque la sociedad no quiere machistas? ¿Es que, acaso, las personas que lean un libro donde aparezca un personaje así van a adoptar dicho rol, van a "hacerse malas"? Ese personaje, por algún motivo, aparece en la trama, con más o menos peso, pero el autor quiso incluirlo y no creo que en absoluto fuera para "convertir" a los lectores, ni poner de manifiesto que desearía que esa fuera la actitud que imperara en nuestra sociedad.

   Vamos a ver, pensad un poco. Otro caso, muy relacionado con el párrafo anterior: una mujer que espera la aparición de un "príncipe azul" en su vida. "¡¡Oh, por Dios!! ¡¿Qué estoy leyendo?! ¡Es que... es que... les está enseñando a las niñas que ellas no pueden ser autosuficientes, que necesitan a un maravilloso hombre que les salve de su horrible vida y les dé una!" ... ... ... (Jorge toma aire e intenta tranquilizarse, procurando ser lo más suave posible). Lo repito una vez más: ¡¡¡una novela no busca educar a nadie!!! Sí, en la vida hay que luchar por el bienestar de las personas, por hacer el bien, que no se cometan discrimaciones, que las atrocidades se castiguen, etc, etc, etc. Pero esa lucha no entra en el marco de la literatura, donde cada lector ha de ser consciente de que se trata de ficción.

   Es que, entonces, nos podríamos ir olvidando de multitud de géneros literarios, erradicarlos como eficaces censores, quemando en la hoguera todos aquellos libros en los que aparezcan personajes que en la vida real nos parecerían tóxicos, negativos. Y no puede ser. Soy escritor, sobre todo de fantasía, y reconozco que en el entorno medieval que me gusta para mis obras hay personajes de este tipo, que no querríamos ver a nuestro alrededor, capaces de lo peor y que no van a sufrir castigo alguno. Por ello, ¿debo recibir quejas tras incluirlos? ¿Se me debe criticar que estén ahí? Por favor, dos dedos de frente, que esto es ficción. Si ya tenéis una edad, se supone que estáis lo suficientemente formaditos para evitar que ninguna idea os cambie. Y si lo que ocurre es que teméis por vuestros hijos, comenzad a controlar lo que ven y leen. Para ser más claro; haced vosotros de padres, que yo, y mis obras, no estamos para eso.





Jorge A. Garrido

Un autor, ¿ha de mantener cierta distancia con sus lectores?

Por : Jorge A. Garrido

   Dada mi posición, como autor autopublicado y leído por muy pocas personas aún, tengo la oportunidad de ver y comentar cada nueva publicación sobre mis obras. Las promociono en mis redes, paso a agradecer el tiempo dedicado, tomo nota de los puntos fuertes y flojos que mencionan... La cuestión es si tendría que establecer unos límites. ¿A qué me refiero? En concreto, a comentar mi obra con ellos.

   Os lo explico. Una persona lee y reseña uno de mis libros en su espacio web, lo veo y, a continuación, dejo un comentario. Pero, ¿cómo ha de ser este? Porque esa "ventana" al mundo a través de la que otras personas me van a conocer como autor puede convertirse en un arma de doble filo. Es decir, las palabras del escritor van a ser miradas con lupa y el efecto en los lectores de la reseña puede ser demoledor según qué reacción vean. Y aún más, pueden malinterpretar esta, cuando el autor no buscara discordia alguna, "tan solo expresar su opinión" (a la cual, en principio, debería tener derecho).

   Ya no me refiero a defenderse ante valoraciones irrespetuosas, con la persona o la obra, sino a comentar cualquier aspecto de esta: razones por las que desarrollar más a un personaje, la inclusión de escenas que para el reseñador no son importantes pero sí para su creador... Me gusta explicarme y poder dar mi propia visión sobre mi mundo, pero, ¿puede esto tomarse como una crítica a aquello que "no viera tan claro" el reseñador? Leer, por ejemplo, "esta parte para mí sobra", y querer, no hacerle cambiar de idea, sino que entienda por qué está ahí. Y así con otros aspectos, que no sería pelear con el lector, pero, como autor, "llevarle la contraria" y discutir (en el buen sentido, de debatir)... es muy posible que no sea tan buena idea.

   Quizá sean cosas mías, que no sea para tanto, pero no estoy tan seguro de ello. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Será mejor para el autor mantener esa distancia prudencial?





Jorge A. Garrido

Un incierto futuro: ¿evolución, reseteo o muerte?

Por : Jorge A. Garrido

   Vivimos una época un tanto peculiar en la literatura, donde el debate sobre la actual calidad de esta continúa al rojo vivo. Y no es para menos:

   En primer lugar, nos encontramos con la autoedición, que multiplica cada día el número de ejemplares ofertados, aunque llegan al lector sin filtro alguno.

   Por otro lado, las editoriales convencionales parecen estancadas al arriesgar más bien poco con nuevos autores o propuestas fuera de las líneas seguras de venta. De hecho, para un gran riesgo para Planeta como ha sido "Besos entre líneas", el resultado frente a la crítica de calle ha sido tan horrible que las otras Grandes Firmas ya deben haber tomado buena nota, y no se espera algo parecido, al menos, en un buen tiempo (tema también el de este libro para otro curioso y más que interesante post).

   Además, da la impresión de que cada vez haya menos lectores...

   Así las cosas, ¿qué futuro, a corto y medio plazo, nos espera? ¿Acaso terminará explotando todo esto? ¿Quizá evolucionen estos fenómenos manteniendo, en esencia, lo que hoy vemos? ¿O tal vez seamos espectadores de un reseteo, una vuelta atrás hacia lo que parecían mejores tiempos para el lector exigente?

   A mi parecer, creo que este boom de escritores, con fácil acceso a herramientas de edición y plataformas a las que subir sus textos (grupo de autores entre los que me encuentro, a todo esto), terminará en algún momento relativamente cercano. No hay cabida para tanta oferta, al menos no para la demanda existente, y la frustración de un escritor al verse nadando en tal inmenso océano sin apenas peces en él (que le compren sus obras, ya que ni siquiera le ven entre tantísimo libro a la venta), hará que muchos de estos se aburran y lo dejen. Llegarán otros, desde luego, pero cada vez habrá menos, muchos menos. Por cierto, de estos viven las plataformas de autoedición y muchas de las editoriales de coedición, así que también sería su final.

   ¿Y las editoriales convencionales? Estas aún mantienen una posición estable en el mercado, aunque sea a base de los mismos escritores de siempre (cuyos nombres tienen mayor valor que la más agresiva y efectiva de las promociones), además de las periódicas reediciones de los clásicos y la venta de esos tomos sobre las vidas de consabidos personajillos que tan buen rendimiento económico suelen dar. Por tanto, estas seguirán ahí, con o sin riesgos, experimentando o no, pues su parte del pastel parece intocable.

   En conclusión, siempre bajo mi punto de vista, lo que hoy vivimos quizá tienda a desinflarse y volvamos a lo visto hace unas pocas décadas, con unas escasísimas variaciones. ¿Y vosotros? ¿Qué opinión tenéis al respecto?





Jorge A. Garrido

¿Nos hemos vuelto malos lectores?

Por : Jorge A. Garrido

   Llevo bastante tiempo pensando en esto, y no a raíz de las reseñas que he visto sobre mis novelas. En realidad, esta reflexión no sería atribuible solo a los lectores, sino al consumidor de ocio en general, pero como lo que más me toca son los libros...

   El mundo ha cambiado mucho en pocas décadas, y con él las personas que lo habitan, así como las costumbres y preferencias de estas. Nadie debe ser ajeno a estas alturas de las políticas de consumo rápido con las que se nos bombardea a diario, en busca de que queramos más y cuanto antes. Pero, ¿más qué? Porque "antes" podíamos querer más, mucho más, de un mismo producto, cuando "ahora" lo que queremos son más productos. Espero no haberos perdido en este punto.

   Un ejemplo de esto, y comprobando que me afecta a mí mismo, versa sobre una de mis pasiones; los videojuegos. Recuerdo que cuando era más joven me embarcaba en alguno de rol o aventuras y no quería que se acabara nunca. Es decir, quería saber más sobre los personajes, recorrer nuevas ciudades y mazmorras, descubrir sus cientos de secretos... y si eso me llevaba meses, no me importaba en absoluto, pretendía exprimirlo al máximo. Por contra, desde hace unos años atrás, me sorprendo deseando que las tramas sean más directas. Es decir, me resultan bastante más pesados los pasajes que no afectan a la historia principal y paso casi por completo de las misiones secundarias. Y al finalizar la obra en cuestión, paso a otra, con las mismas pretensiones.

   He cambiado, desde luego, a la par que otras muchas personas en este mundo acelerado en el que vivimos, donde te paras a leer una publicación de pocas líneas y te saltas otra formada por multitud de párrafos, casi de forma automática y sin detenerte a pensar en ello o en por qué te comportas así. En definitiva, sí; queremos poco de cada cosa y cada vez más cosas. ¿Por falta de tiempo? No lo creo. ¿Quizá era mejor lo de antes? Tampoco pienso que ese sea el motivo. La cuestión es que, con respuesta o sin ella, sucede.

   Ya centrado en los libros, veo que ocurre tres cuartas de lo mismo. Lees las reflexiones de un personaje, o vivencias suyas, que deberían ayudarte a comprender mejor su forma de ser y actuar y parace que eso sobra. Conversaciones con las que se completa cierta información que enriquece el mundo en el que se desarrolla la trama; hilos paralelos para conocer en profundidad a personajes secundarios importantes; párrafos que hablen de las políticas o la sociedad bajo la que viven los protagonistas, de sus costumbres, normas, etc, etc, etc. No, parece que nada de eso importa, que el autor ha de ir al meollo, que se centre en contar lo justo para llegar al final cuanto antes y, así, pasar a otro libro.

   Supongo que algunos me diréis que no es así, que sois curiosos y queréis saber más y más de cada aspecto que veis en una obra, pero os invito a pensarlo bien antes de contestar. Miraos vosotros mismos, al de hoy y al de antes, y, entonces, dadme o quitadme la razón. Por mi parte, seguiré pensando lo mismo, y como autor no voy a cambiar. Creo que una historia y sus personajes necesitan de información adicional para ser entendidos de la forma en la que su creador los concibió en su cabeza, y no hablo de paja, de relleno, sino de todo aquello sin lo que su obra no se diferenciaría de otra, pues todas serían planas y tan directas que se resumirían en "fulanito fue de este punto a este otro, hizo esto con Menganito y... fin".

   ¿Tenéis algo que decir al respecto?





Jorge A. Garrido

Ya disponible en papel "Raken, a cidade da orixe e o esquecemento"

Por : Jorge A. Garrido

   Anunciada la noticia de la traducción al gallego de Raken, la ciudad del origen y el olvido, ahora os confirmo que esta nueva versión ya puede adquirirse tanto en digital como en papel. ¿El punto de venta? El portal Amazon, a 11.85 euros.






Jorge A. Garrido
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